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pero todo el montón era mío

Historias de taxistas

taxi en madrid

(foto: Flickr)

Lo de los taxistas en Madrid y en cualquier ciudad es un caso aparte, aunque creo que en Madrid más, porque bueno, se caracterizan por ir con la COPE conduciendo mientras asienten lo que dice Jiménez Losantos y te dan un rodeo si ven que no eres de la ciudad.

Pero el otro día tuve una curiosa experiencia con un taxista. Resulta que yo estaba en una esquina conflictiva para buscar un taxi a la desesperada, en la esquina de la calle Luchana con la Plaza de Chamberí, en esto que conseguí subirme a uno que estaba haciendo la esquina pero en mitad de la calle…consecuencia: un follón.

Pero bueno, una vez dentro le pedí disculpas al taxista, porque asomé en la acera cuando ya casi estaba pasando, no se fijó y cuando lo hizo ya era tarde, así que en fin. Él con gracia me diría que no, que perdón por no fijarse, y que al final del día se fustigaría en un parque.

Y curiosamente me fijé que tenía puesta la Cadena Ser, así que le dije: No se fustigue hombre, con que ponga la Cope un rato me conformo, a lo que sonrió y me mostró orgulloso el ejemplar de El País que llevaba en el asiento del acompañante, algo inusual en un taxista madrileño, ciertamente.

Nos caímos bien y fuímos hablando durante el trayecto de la política y de su vida, me comentaba que había llevado varias veces a Jimenez Losantos en el taxi y que pocas veces había ardido tanto, y me habló de un acompañante especial.

Era un día de verano, y nada más subirse el viajero al taxi, le rogó le permitiese encenderse un habano saltándose la norma de prohibir fumar en los taxis, si bien al final el taxista accedió, y hablando un poco con él descubrió que su particular cliente había sido un Subsecretario en el Gobierno y demás.

¿Quién era ese particular viajero? Alberto Monreal Luque, Ministro de Hacienda con Franco y ex-presidente de Tabacalera, cargo en el que estuvo hasta 1982, por lo que ahora os explicáis de dónde viene el tema del Habano.

El taxista me comentaba que le comentaba al señor Monreal la de problemas que le había causado en su casa con el tabaco y que, ni corto ni perezoso, cómo podía haber compartido mesa con el criminal enfrente. Así, tal cual, con esas mismas palabras fue, no quiero ni imaginarme la escena…

Y, lo mejor de todo, me contaba, es que al final del trayecto, el señor Monreal le espetó un: Ojalá conserve usted la educación y el saber estar que tiene. Olé, olé y olé. Si es que ya no existe política como la de antes…

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  • Mario Pereda (1)

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