Está escrito el 2 de Noviembre de 2008 bajo la categoría Actualidad, Pensamientos y con las etiquetas inmigración , madrid , pobreza .
Si te ha gustado puedes recibir los nuevos artículos en tu correo o vía feed RSS.
Puedes además
Gracias.
Aumenta la pobreza en España

(Foto: Flickr)
Reconozco que me encanta leer con calma la prensa los Domingos en la mañana, si bien últimamente he conseguido sustituirlo por leer la prensa online desde cama con el portátil, uno se ahorra los trámites de enfriarse camino del kiosko, y ya sólo eso es una gran ventaja, además de la económica y ecológica.
Y en ese repaso de hoy me encontré con un artículo en El País sobre el aumento alarmante de gente en los comedores de caridad en Madrid que hace que uno se replantee hacia dónde estamos yendo y si realmente esto es lo que queremos.
En el artículo se dan una serie de ejemplos -reales obviamente- de gente que se encontraron por Madrid asistiendo a la beneficiencia, voy a citar alguno de ellos:
Por ejemplo, Ángeles, una chica de Villaverde, menuda y rubia, envuelta en un anorak azul. Licenciada en Historia y animadora sociocultural para la Comunidad de Madrid en paro, lleva un tiempo recurriendo a la caridad de la Comunidad de Sant Egidio, un grupo de voluntarios de inspiración religiosa que distribuye comida en el corazón de Madrid. “Ya no me quedan reservas. Vivo con mi padre, que es pensionista de 79 años y no nos da para los dos”, dice. “Se me acabó el paro, ya está”. Lleva un año sin trabajo y pocos meses recurriendo a la caridad: “No gusta”, confiesa, aunque siempre sonriendo. Quizá demasiado.
Veo varios detalles escalofriantes en esto: Ángeles, una mujer de un barrio humilde como Villaverde, que parece que había logrado salir adelante licenciándose en Historia, sólo ha conseguido trabajo como animadora sociocultural, y aún por encima ya ni eso, pues está en paro y se le ha terminado la prestación por él.
Es el caso de Jorge, de 53 años, peruano de Trujillo. “Las cosas se están poniendo mal”, afirma sereno. Lleva tres años en España y sufre, además de una situación económica límite, un profundo desarraigo: “Aquí estoy y me siento solo”. Uno de los principales motivos que convierten a los extranjeros en el nuevo usuario dominante de estos servicios. “No tienen una red familiar”, apostilla una trabajadora social. Jorge tiene a su familia en América. No tiene casi ingresos y sopesa la posibilidad del regreso.
Este caso me lleva preocupando desde hace tiempo, no por él sino por la inmigración en general. Pienso que existen dos tipos de inmigrantes en España: los que han conseguido prosperar y traerse a su familia y los que no. Generalmente suele viajar sólo uno de los integrantes de la unidad familiar (generalmente el hombre), y si las cosas van bien consigue los pasajes para traerse a su familia y ya establecerse definitivamente en España.
En tiempos de crisis el problema lo tenemos en casos como el de Jorge, una sóla persona que además de echar de menos a su familia no tiene empleo ni nada que hacer. El Gobierno ha comentado algo acerca de subvencionar viajes de vuelta para el que lo desee, y creo que en muchos casos es lo que prefieren ellos y nosotros, aunque tengan que volver con la cabeza baja.
Recomiendo encarecidamente leer todo el artículo, porque además de preocupante es esclarecedor. Algo hay que hacer. Zapatero promete rotundamente que los débiles no pagarán las consecuencias de la crisis, y lo peor es que ya la han empezado a pagar…
Actividad